Una perspectiva única y valiente sobre los convulsos años sesenta y setenta, una era que culminó en los golpes de Estado y la violencia del terrorismo de Estado.
Desde su juventud, como estudiante y militante gremial, Enrique, se resistió a los extremos, reafirmando su derecho a pensar y sentir de manera independiente.
Este libro es una lectura esencial para quienes aún se aferran a frases como “algo habrán hecho”, sin comprender el dolor y las tragedias vividas.
El autor escribe con honestidad, brindándonos una ventana única a los sacrificios y desafíos de su generación. Este libro es un llamado a escuchar, entender y nunca olvidar.
Capítulo 9
El que yo estuviera encargado de las compras para la casa durante los años que mis padres estaban en Centro América era algo natural.
De todos modos, es interesante contar lo que ocurrió cuando, ante la necesidad de dejar a alguien encargado de los asuntos, mis padres decidieron otorgarme la emancipación civil y hacerme un poder general para actuar en su nombre. Violeta, la escribana amiga desde la década del cincuenta de mi tía Avelina, fue quien hizo este trámite.
Es un juez quien otorga una emancipación civil. Luego de la solicitud de los padres, el eventual joven a emancipar debe pasar por un interrogatorio ante el juez, quien evalúa si está capacitado o no para ello. Algunas veces, el candidato no es considerado apto. Luego de la feria judicial del año 1966, y cursando segundo de Preparatorio, tuve que concurrir al juzgado.
Violeta me dijo que debía saber lo que costaban las cosas, qué era una escritura, cómo funcionaban los bancos, cómo se solicitaba una chequera y en qué consistían varios trámites que eventualmente debería realizar como apoderado. Todo eso era para demostrarle al juez mi competencia. Ella estaba preocupada por la instancia, porque ese juez parece que le había denegado la emancipación a la hija de un político blanco de apellido Gallinal.
Fue una audiencia de más de media hora en la que por primera vez vi a un actuario con una máquina de escribir en taquigrafía registrando el interrogatorio.
Recuerdo que me preguntó primero sobre el valor de las papas, las bananas; luego, sobre el precio de la ropa de confección y a medida, y si tenía idea de lo que le costaba vivir a una familia por mes, alquiler incluido. Pasó luego a preguntarme luego qué eran los bancos, las cuentas de ahorro, las cuentas corrientes, los pagarés, las escrituras, los poderes, las cartas poder y a quién consultaría si tuviese dudas acerca de cualquier cosa que fuese relativamente complicada.
Cuando dio por finalizado el interrogatorio y el actuario terminó la transcripción, el juez, a modo de despedida, me preguntó si estudiaba. Primero se sorprendió de que estuviese en segundo de Preparatorio de Ingeniería, y como yo le mostré orgulloso mi carnet con las siete materias de primero de Preparatorio aprobadas, seis en diciembre y una en febrero, lo miró asombrado y se lo mostró al actuario, y sonriendo le dijo:
—Hubiésemos empezado por ahí y la entrevista hubiera sido más breve. —Y mirándome, me dijo—: Muchas gracias. Que le vaya bien, joven.
Evidentemente, para aquel juez, el prestigio de los estudiantes de ingeniería debía ser muy alto. Sigo pensando que hizo bien en preguntar todo lo que me preguntó, porque que seas un buen estudiante de lo que sea no garantiza que, fuera de ese «mundo», sepas administrar la mensualidad que te dan tus padres.
Contenido
101 Capítulos
320 Páginas
En este segundo libro, Desembarcos, Enrique nos cuenta cómo vivió la explosiva década del sesenta y los años de plomo que desembocaron en los golpes de Estado (Uruguay, 1973; Argentina, 1976). Intentará entender el mundo desde su mirada infantil y luego como adolescente; primero en el liceo y luego en el temible Preparatorios de Ingeniería del IAVA. Continuará tratando de comprender la realidad como un joven estudiante de Ingeniería en la Universidad de la República.
Será estudiante, docente, militante gremial, ingeniero, pero… «ni tupa ni bolche». Reivindicará siempre el derecho a seguir su camino, ese que a veces no llega a Roma, ese que a tanta gente le sienta mal —como bien dice Brassens en La mala reputació—.
Este libro debería ser leído por las personas que incluso hoy repiten esas tres palabras: «Algo habrán hecho…». Tres palabras que verdaderamente duelen, y mucho, porque son usadas para culpabilizar a quienes vieron sus vidas destrozadas por el terrorismo de Estado de los gobiernos autocráticos. Estas personas seguramente ignoran mucho de lo que pasó en esos años; es necesario mirar la realidad desde distintos puntos de vista para poder comprenderla.
Basada en Hechos Reales
«A los cinco minutos de la explosión, vi a todas las «chanchitas» alineadas frente a la Facultad. Yo les dije a unos muchachos de primer año que pusiesen los pasadores a las puertas y pidiesen orden de allanamiento. Fui un poco iluso. Se ve que los amenazaron y entraron igual.»
Carátula Revista Argentina
Disponible en la Biblioteca de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República
Índice Revisa Construcciones
Disponible en la Biblioteca de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República
Facsímil Carta Presidente de turno (1976)
De la delegación uruguaya ante la CTM dirigida a Enrique Macri
Facsímil Carta Presidente 1976
De la delegación uruguaya ante la CTM dirigida a Enrique Macri (pag. 2)
Facsímil Carta Delegación Uruguaya en la CTM
Dirigida al director del Servicio de Información y Defensa de Uruguay (pág. 1)




